Resumen del Trabajo Fin de Máster en Bioconstrucción IEB de Carlos Bonilla Enseñat, alumno de la 29ª Edición
El presente Trabajo de Fin de Máster desarrolla una propuesta de rehabilitación integral de una vivienda unifamiliar adosada aplicando criterios de bioconstrucción, frente a una reforma convencional, evaluando sus beneficios ambientales mediante un Análisis de Ciclo de Vida (ACV). El estudio se sitúa en un momento clave para el sector de la edificación, marcado por la futura incorporación al Código Técnico de un nuevo Documento Básico de Sostenibilidad Ambiental (DB-SA), así como por las exigencias de la Directiva Europea EPBD (2024/1275), que impulsa la descarbonización y la obligatoriedad progresiva de evaluar impactos desde una perspectiva de ciclo de vida. En este contexto, la bioconstrucción ofrece una respuesta coherente, al combinar salud, eficiencia energética y reducción de emisiones.
El análisis del estado actual de la vivienda, construida en 1988 mediante soluciones convencionales de su época, revela carencias vinculadas a la baja transpirabilidad de la envolvente, el uso de materiales de alta huella ecológica y una limitada eficiencia térmica. A partir de este diagnóstico se proponen estrategias de intervención basadas en principios de bioconstrucción.
Las estrategias pasivas, se orientan a reducir la demanda energética y mejorar el comportamiento bioclimático mediante una mayor ventilación natural, un mejor control solar estacional, el refuerzo del aislamiento con materiales transpirables, el incremento de la inercia térmica y la permeabilidad del terreno exterior. Su objetivo principal es garantizar confort térmico sin recurrir a sistemas mecánicos complejos.
Las estrategias activas, más reducidas en número, priorizan tecnologías sencillas y eficientes: ventilación con recuperación de calor, ventiladores de techo, aerotermo para ACS, instalación eléctrica biocompatible, iluminación LED y apoyo fotovoltaico. La intervención se concibe desde la lógica de “mínima tecnología necesaria”, coherente con los principios de la bioconstrucción.


El núcleo metodológico del trabajo es el Análisis de Ciclo de Vida, cuyo alcance incluye las fases A1–A3 (fabricación), A4 (transporte), B (uso y mantenimiento) y C–D (fin de vida y beneficios por reciclaje). Para ello se emplean las herramientas Ecómetro y CypeTherm, que permiten integrar los datos de inventario con el presupuesto del proyecto y con la certificación energética, garantizando trazabilidad y coherencia metodológica.
En el cálculo de impactos, se elabora un doble inventario:
– un escenario desarrollado con criterios de bioconstrucción, basado en materiales de bajo impacto (cal, madera, arcilla, fibras vegetales, soleras transpirables),
– y un escenario desarrollado con criterios convencionales compuesto por soluciones utilizadas comunmente hoy en día (mortero de cemento, placas de yeso laminado, carpinterías de aluminio, pavimentos vinílicos, pintura plástica).
Los impactos de cada material se obtienen a partir de Declaraciones Ambientales de Producto (DAP) siguiendo la norma UNE-EN 15804+A2. Para el transporte (módulo A4) se consideran distancias realistas basadas en proveedores habituales: 400 km para productos industrializados y 100 km para áridos y morteros locales. En la fase B7 se cuantifica la energía en uso mediante simulación energética, valorando la contribución de las estrategias pasivas, la ausencia de aire acondicionado y la generación fotovoltaica. Las fases C y D estiman potenciales de reciclabilidad y beneficios evitados.

Los resultados evidencian que las mayores diferencias se concentran en las fases A1–A3 y B7. La selección de materiales naturales reduce significativamente las emisiones de CO₂ y la energía incorporada, mientras que la estrategia bioclimática en fase de uso minimiza el consumo energético y evita la dependencia del aire acondicionado con refrigerantes contaminantes.
El escenario convencional presenta impactos notablemente superiores tanto en fabricación como en uso.

En conjunto, el estudio demuestra que la bioconstrucción no solo reduce de manera cuantificable la huella ambiental del edificio, sino que mejora la salud interior y favorece un modelo energético resiliente, basado en recursos locales y soluciones de baja tecnología. Asimismo, pone de manifiesto el potencial de replicabilidad del método, especialmente en el contexto normativo que exige avanzar hacia la descarbonización y la evaluación integral del ciclo de vida en los proyectos edificatorios.