“Las comunicaciones inalámbricas (todas aquellas que emiten frecuencias RF de uso común entre 450 y 6000 MHz) son probablemente cancerígenas con posibles efectos adversos en el desarrollo de embriones, fetos y recién nacidos”. Esta es la conclusión del último informe publicado por el Parlamento Europeo a raíz de una investigación sobre  «Impacto en la salud de 5G», en 2021.

En dicho estudio, se cita que “la introducción de dispositivos de comunicación inalámbricos que operan en la región de RF (radio frecuencia) del espectro electromagnético (450 a 6000 MHz, frecuencias más bajas) ha dado lugar a un número considerable de estudios centrados en problemas de salud. Estas investigaciones abarcan análisis en seres humanos (epidemiológicos), en animales (estudios experimentales con roedores) y en sistemas celulares in vitro”. “Las redes 5G aumentarán la cantidad de dispositivos inalámbricos, lo que requerirá mucha más infraestructura para permitir un mayor volumen de datos móviles por área geográfica. Además, es necesario construir una mayor densidad de red, ya que las frecuencias más altas requeridas para 5G (24 a 100 GHz, rango milimétrico) tienen alcances más cortos. Los estudios disponibles en estas frecuencias son pocos y de calidad desigual”.

A pesar de la contundente conclusión, la investigación siempre es más lenta de lo deseado, así como la actuación de los organismos internaciones. De hecho, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa lleva años recordando la importancia del compromiso de los Estados de preservar el medio ambiente y la salud ambiental como se indica en numerosas cartas, convenios, declaraciones y protocolos desde la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente Humano y la Declaración de Estocolmo (Estocolmo, 1972) hasta las más recientes recomendaciones sobre Medio Ambiente, salud, ruido y contaminación lumínica (2009-2010).

En 2011, desde Europa ya se avisaba de “los peligros potenciales de los campos electromagnéticos y sus efectos sobre el medio ambiente y la investigación sobre las bajas frecuencias ligadas a las líneas y aparatos eléctricos”.

Con el uso exponencial en las últimas décadas del teléfono móvil y la tecnología inalámbrica se fundamenta una extensa red de estaciones base y redes inalámbricas, que aumenta la exposición del público a las radiofrecuencias.
Sin olvidar las mejoras que han conseguido estos avances científicos y los beneficios de la tecnología inalámbrica aplicada a sectores como la medicina, la comunicación, etc. “parecen tener efectos biológicos no térmicos potenciales más o menos dañinos para plantas, insectos y animales, así como en el cuerpo humano cuando son expuestos a niveles inferiores a los umbrales oficiales”.

La Biología del hábitat invita al principio de precaución y al uso consciente y responsable de la tecnología móvil. Desde el IEB queremos recordar algunas de las recomendaciones de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (Resolución 1815) ya formuladas en 2011:

  • Tomar todas las medidas razonables para reducir la exposición a los campos electromagnéticos, especialmente a las radiofrecuencias emitidas por los teléfonos móviles, y en particular la exposición durante la infancia y juventud, donde el riesgo de tumores de la cabeza parece mayor.
  • Reconsiderar la base científica de las normas actuales de exposición a los CEM fijadas por la Comisión Internacional para la Protección contra la Radiación No Ionizante (International Commission on Non-Ionising Radiation Protection), que presenta graves deficiencias, y aplicar el principio ALARA (as low as reasonably achievable), es decir, el nivel más bajo razonablemente posible, tanto a los efectos térmicos como a los efectos atérmicos o biológicos de las emisiones o radiaciones electromagnéticas.
  • Implementar campañas de información y de sensibilización sobre los riesgos de los efectos biológicos potencialmente nocivos a largo plazo sobre el medio ambiente y la salud humana, dirigidos especialmente a la infancia, adolescentes y jóvenes en edad reproductiva.
  • Prestar especial atención a las personas «electrosensibles» afectadas de un síndrome de intolerancia a los campos electromagnéticos y la adopción de medidas especiales para su protección, incluida la creación de “zonas blancas” no cubiertas por redes inalámbricas.
  • Aumentar los esfuerzos investigadores sobre nuevos tipos de antenas, teléfonos móviles y dispositivos como los teléfonos DECT con el fin de reducir costos, ahorrar energía y proteger el medio ambiente y la salud humana, así como fomentar la investigación y el desarrollo de telecomunicaciones basadas en otras tecnologías igual de eficaces, pero menos nocivos sobre el medio ambiente y la salud.
  • Y en cuanto a la protección de la infancia: la Asamblea insta a diseñar, en el ámbito de los diferentes ministerios (educación, medio ambiente y sanidad), campañas de información dirigidas al profesorado, a madres y padres y a niños para advertirles de los riesgos específicos del uso precoz, indiscriminado y prolongado de los teléfonos móviles y de otros dispositivos que emiten microondas; además recomienda dar preferencia, para los escolares en general y especialmente en las escuelas, a los sistemas de acceso a internet a través de conexión por cable (es decir, evitando la conexión inalámbrica Wifi) y de regular estrictamente el uso de los teléfonos de estudiantes en el recinto escolar.

 

Silvia de Santos, arquitecta en bioconstrucción y docente especialista en mediciones del IEB explica en esta charla impartida en las Jornadas Técnicas de Bioconstrucción de Fiscal, la importancia de prevenir la cercanía campos electromagnéticos siempre que no sea necesario y sobre todo durante la noche, momento en el que el cuerpo descasa.

 

 

Foto de portada: www.freepik.es

Ir al contenido